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Clair Obscur: Expedition 33

Cuando el tiempo deja de ser una idea y se convierte en experiencia psicológica

Hay historias que no necesitan gritar para quedarse contigo: Clair Obscur: Expedition 33 es una de ellas.

A primera vista, podría parecer “otro” videojuego narrativo con una estética cuidada y una premisa original. Pero basta adentrarse un poco más para entender que lo que propone va mucho más allá del entretenimiento: plantea una reflexión profunda sobre el tiempo, la pérdida y la forma en que los seres humanos nos transformamos cuando sabemos que algo importante va a terminar.

Un mundo donde la muerte no sorprende, se espera

En el universo de Clair Obscur, cada año ocurre un ritual ineludible.
Una figura conocida como La Pintora despierta y escribe un número en el cielo. Todas las personas que alcanzan esa edad desaparecen. Sin violencia. Sin explicaciones. Sin despedidas.

Este año, el número es 33.

La Expedición 33 está formada por personas que saben, desde el principio, que su tiempo es limitado. No luchan solo contra un enemigo externo, sino contra algo mucho más inquietante: la certeza de la desaparición.

Y esa certeza lo cambia todo.

La belleza como recordatorio de lo efímero

El mundo de Clair Obscur es delicado, casi onírico. Sus paisajes parecen pinturas vivas, suspendidas entre la luz y la sombra. Los personajes se mueven en escenarios bellos, silenciosos, profundamente melancólicos.

Pero esa belleza no tranquiliza: duele.

Duele porque está atravesada por una pregunta constante:
¿y si esto es lo último que veo?

Desde el punto de vista psicológico, esta vivencia conecta con una experiencia muy concreta: cuando el presente se intensifica porque el futuro se acorta. Cuando cada conversación, cada vínculo y cada decisión se vive con un peso emocional mayor, precisamente porque no hay promesas de continuidad.

No es una historia sobre salvar el mundo, sino sobre darle sentido

A diferencia de muchos relatos épicos, Clair Obscur no se construye desde la fantasía de la salvación total. Año tras año, otros grupos han intentado detener a La Pintora. Año tras año, han fracasado.

La Expedición 33 no parte desde la esperanza ingenua, sino desde una pregunta profundamente humana:

“Si no podemos cambiar el final… ¿cómo queremos vivir mientras tanto?”

Aquí los personajes no son héroes invulnerables. Son personas atravesadas por el miedo, la culpa, el apego y la necesidad de dejar huella. Personas que se vinculan sabiendo que perderán. Que aman sabiendo que duele. Que siguen adelante aun sin garantías.

El duelo que empieza antes de la pérdida

Uno de los aspectos más potentes del juego es cómo representa el duelo anticipado. Desde la psicología, sabemos que el duelo no comienza únicamente con la ausencia, sino muchas veces con la certeza de que algo —o alguien— va a desaparecer.

Ese conocimiento previo genera:

  • ansiedad
  • tristeza anticipatoria
  • cambios en la identidad
  • reordenación de prioridades
  • intensificación de los vínculos

En Clair Obscur, el duelo no es un evento puntual. Es una atmósfera constante. Una presencia silenciosa que acompaña cada paso del jugador.

Y eso genera algo muy poco habitual: no solo observamos el duelo, sino que lo experimentamos.

¿Por qué hablar de este juego desde la psicología?

Porque plantea preguntas que aparecen con frecuencia en los procesos terapéuticos:

  • ¿Quién soy cuando sé que algo importante va a terminar?
  • ¿Cómo me vinculo cuando el tiempo es limitado?
  • ¿Qué sentido tiene luchar cuando no hay garantías de éxito?

El juego no ofrece respuestas cerradas. Tampoco pretende hacerlo.
Ofrece algo más valioso: un espacio para sentir y elaborar.

Desde este enfoque, el arte y la psicología se encuentran. Ambos pueden funcionar como contenedores emocionales. Ambos permiten transitar procesos complejos sin necesidad de “arreglarlos” rápidamente.

El duelo como transformación, no como superación

En consulta, una de las ideas que más cuesta integrar es que el duelo no consiste en “pasar página”. Consiste en reorganizar la vida con lo que ya no está.

La Expedición 33 no intenta olvidar.
Intenta significar.

Y ahí reside la fuerza de Clair Obscur: en recordarnos que incluso cuando el final es inevitable, seguimos teniendo margen para elegir cómo estar, cómo amar y cómo acompañar.

 

Cristina Álvaro

Soy Psicóloga General Sanitaria, y ayudo a músicos y artistas escénicos a volver a disfrutar sobre el escenario.

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